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  • Dabid

    Banano, el terrible pirata, ha caído bajo el embrujo de Campanella, la princesa sirena. Ahora es el esclavo de sus deseos, lo mismo postra su barcoluna a sus pies, que friega los arrecifes con las rastas de su pelo. Cualquier cosa con tal de oír la campanada de su diosa y señora. De buena gana ensartaría su garfiohoz en la ameba solar, para dejar salir a la luna y así liberarse del hechizo que le atormenta, pero no puede resistirse al oleaje de sus cabellos, pues él es un lobo de mar, y el océano es su patria. Ahora se pasa los días dibujándole ojos al sol, para arrancarle una sonrisa a su dueña, la campana del mar, que lo trata como si fuera un vulgar plátano de Canarias, maldiciendo el día que se dejó embaucar por su dulce tintineo.

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