pl dslznds

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  • Dabid

    Apula volvió distinta, desde que se la tragó el retrete. Ya no era la misma. No sé qué horrores vivió allá en el inframundo, hasta que el fontanero la sacó de allí. Ya no me miraba igual, ya no me besaba igual, sus abrazos eran distintos. Y en la cama … , bueno, todo era distinto.
    La otra noche, mientras dormía, la desarropé, y pude ver el horrendo tatuaje de su espalda, que me miraba fijamente y le habló a mi alma, con su voz aterradora.
    –¡Levanta la roca que custodia el erizo de mar, antes de que llegue la ballena infernal, y penetra en la guarida del la algaserpiente de las profundidades!
    El miedo se apoderó de mí, intenté no escuchar, hasta grité para no oírle, pero ella no despertaba y el tatuaje seguía hablándome.
    –¡Tendrás que derrotarla en una partida de ajedrez, pero, ojo, si no enciendes la lámpara no podrás ver las fichas!
    No sabía qué quería decir, quise preguntar, pero antes de que me diera cuenta, la terrible voz me absorbió y me encontré en las profundidades del abismo. Entonces comprendí que era Marybross, el demonio de las cañerías, que había poseído a mi amada, el que hablaba. Supe entonces que estaba perdido, y que solo tenía una posibilidad, y apenas me acordaba de como se jugaba al ajedrez.
    La maldita ballena se acercaba muy deprisa.

    ¡Jo, tío! Hace poco estuve leyendo a Lovecraft, esta mañana me he metido una buena panzada con “American Gods” de Neil Gaiman, y ahora me vienes con esta obra de arte…
    Ha sido un gustazo poder continuar la historia del retrete de Apula.

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