2 respuestas a «zt l cs ncndd»

  1. El cometa vino a misa. Quería escuchar al padre Nacondod predicar. Había oído que decía que el Sol no existía, ni los planetas, ni los cometas; que todo era Dios. Lógicamente no podía permitir una ofensa así, y bajó, raudo y veloz como un rayo, a cantarle las cuarenta. Los demás también irían, pero se trataba de un grupo de ancianas estrellas y viejos planetas que tardarían unos cuantos de millones de años luz en aparecer.
    -Anda, vete tú primero, que tardas menos en llegar -le dijeron.
    Llegó muy cabreado. Quería contar, por lo menos, con el cometa Halley, pero a éste se le iba la pinza y daba muchas vueltas. Se perdía con facilidad..
    Como ya he dicho, el cometa Zeta Alcis llegó, brillando como el mismísimo Sol, el nuestro, claro, tampoco podía brillar como los enormes soles de aquellas lejanas galaxias…, dispesto a acabar con la iglesia del bocachancla sacerdote, pero aquel cura congoleño, con extraño acento andaluz tenía la gracia de Dios, y todos nos descojonábamos con sus sermones. El cometa, cansado de tanto traginar por la galaxia, empezó a reír. Y reía con tanta fuerza, que amenazaba con destruir no solo la iglesia del africano, sino todo el planeta. El padre no estaba para destrucciones, y dejando caer el misal, se puso a cantar una saeta.
    El cometa se calmó. La gente dejó de huir, asustada. El sacerdote alzó el caliz, y todos brindamos con el vino sacramental, cantando «Dios es amor».
    El cometa se fue, a las tantas de la noche, haciendo eses en el cielo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.